7 sept. 2011

El horario de los maestros

Dejadme que os cuente una pequeña historia. Es muy sencilla y está basada en un relato de Abdu’l-Bahá. Hoy alguien consiguió que me acordase de ella. Porque insinuó que, en Galicia, los maestros no cumplíamos nuestro horario de trabajo.

El trabajo del maestro es igual al del jardinero que cuida de diferentes plantas. Y lo hace sin importarle las horas que dedica a cada una de ellas.

Algunas de esas plantas necesitan los brillantes rayos del sol y otras la fresca sombra. Algunas aman la orilla de los arroyos; otras, en cambio, la pelada cima de las montañas. Algunas crecen mejor en suelos arenosos, y otras prefieren la fértil humedad del fango.

Pero los jardineros, como también los maestros, saben unas cuantas cosas. Por ejemplo, que cada una de las plantas debe recibir el cuidado de acuerdo a sus especies, no solamente con un horario determinado. De lo contrario, nunca llegarán a la plenitud de su vida…

Abdul-Baha-Mirza-Mihdi

8 comentarios:

María Celina Ramos Álvarez dijo...

Ola Mario, gustoume tanto este post e o copiei e o peguei directamente.
Unha aperta e moita forza para este curso.
Celina

Mario Aller dijo...

Ola, Celina, había tempo que non sabía de ti... :-) Encántame que che gustara a historia; é o que pasa cando algúns queren provocar e só producen náuseas. Que teñas tamén un bo curso.
Saúdos

mjchorda dijo...

Perdón por no poderme dirigir en Galego, como mucho podría hacerlo en Valenciano. Me encanta el blog y la idea de trasladar todo esto que nos está pasando al modo literatura.

Mario Aller dijo...

Gracias por tu comentario, mjchorda, que no sé tu nombre. Al menos, con la literatura, podemos analizar lo que nos pasa con otros ojos, para no agobiarnos aún más...
Saludos

BIBLOS dijo...

Encantoume esta historia. Apertas e bo curso dende Loranca.

Mario Aller dijo...

O mesmo desexo para ti, Biblos, que como dixo alguén "os libros son estreliñas que alumean de noite". E tamén as historias...
Saúdos

Alberto G. (@albertogp123) dijo...

Una historia para cada momento, una parábola para cada instante, vida, literatura, educación, enseñanza... Enhorabuena por mostrar que vida y literatura, vida y escuela, al fin y al cabo, se entrelazan, entrecruzan y se necesitan para que ambas lleguen a ser plenas.
Saludos

Mario Aller dijo...

Y gracias a ti, Alberto, por pasarte por aquí, donde nos gusta estar con los cuentos y las historias. Porque sin ellas poco habría ya que decir...
Saludos

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