28 oct. 2012

De cómo una vez, con el encanto de la palabra, los océanos y la escuela, los planetas y los mundos se volvieron más ligeros que una pluma

En todas las culturas de nuestro planeta encontramos el recuerdo de la narración oral. El aeda del mundo griego, el griot de algunos pueblos del centro de África o el bardo de los finisterres célticos, en la vieja Europa, contaban historias para su gente. Todavía ocurre así en muchos lugares, pero en las sociedades modernas se asiste a una lenta desaparición de los cuentacuentos. Parece un proceso irremediable, un camino sin retorno. Quizá los últimos narradores verdaderos ya sólo desean mirar la televisión, como ahora hace todo el mundo.

Sin embargo, la palabra es el vehículo de las ideas. La manera y la expresión en la forma de hablar influye sobre el sentido de las palabras. Los niños aún tardarán en percibirlo, pero el habla tiene mucha influencia sobre el pensamiento. Por esa razón, dos cosas pueden resultar idénticas cuando están escritas; en cambio, pueden aparentar una radical diferencia cuando son habladas.

En principio, para saber contar, el relato seleccionado debe estar perfectamente asimilado en la memoria, y después hay que decirlo de modo sencillo, utilizando la lógica, con expresión dramática, con entusiasmo y, especialmente, dejarse llevar por la fuerza de la historia. Todas las experiencias de aula tienen un origen especial y una formulación determinada, por lo que su desarrollo, como relato profesional, nunca es fácil de exponer. En cada curso escolar, en cada aula, los ritmos de aprendizaje siempre están condicionados por las características individuales y sociales de nuestros alumnos. De todos modos, desde que asumí la importancia de las historias, la idea central en las actividades de lectura y escritura no varió mucho durante su aplicación a lo largo de estos años: decir y contar, contar y leer, leer y escribir mucho.

Por supuesto, tratamos de adaptarnos a los tiempos y a los nuevos medios, y por eso ahora también consideramos a las narrativas digitales.

Un libro para recordar

1 comentario:

Mario Aller dijo...

En la página 16 de ese libro, en su capítulo 1, Rafik Schami escribió:

A través de la palabra mágica, las montañas y los valles, los planetas y los mundos se volvían más ligeros que una pluma...

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