28 oct. 2009

Propp y el mecano del cuento

Un antropólogo y folclorista ruso llamado Vladimir Propp, en la década de 1930, durante los primeros fríos de la Revolución Rusa, definió los relatos maravillosos y de encantamiento como los cuentos en el sentido más amplio de la palabra. Eran los verdaderos cuentos. Así, demostró que existía una tendencia a la uniformidad en este tipo de narraciones, independientemente de su lugar de origen, como si todos los cuentos procediesen de una misma fuente.

A partir de otros investigadores anteriores, Propp descubrió un grupo de elementos constantes y constituyentes, a los que llamó funciones, que caracterizaban la estructura más general de los cuentos maravillosos. En su análisis, Propp distinguió 31 funciones estructurales; y expresó que el cuento maravilloso o de encantamiento es un relato que encierra, de algún modo, al menos una parte de esas funciones.

Las funciones de Propp

Ante nuestros ojos, las funciones presentan al cuento como un mecano, ese juego de construcción mecánica. Hay determinados temas, algunas piezas fijas, más o menos desensambladas a partir de las cuales el niño, como un cuentista, puede hacer un nuevo cuento. Claro que también intervienen la imaginación y la memoria, otros dos elementos con una fuerza narrativa considerable.

Una interpretación de este mecano aparece citado en nuestros accesorios mágicos para escribir en la escuela. Espero poder comentarlo en otro momento, pero ahora prefiero hablar del genial Jorge Luis Borges. En la mayoría de sus cuentos, el escritor argentino utilizó un esquema narrativo que tiene su origen en las mismas ideas de Propp. El personaje central de cada uno de sus relatos atraviesa, en su caso, varias etapas: una desgracia inicial; un viaje; en su camino encuentra ambientes negativos, empobrecedores, encierros; y al final, el protagonista alcanza una experiencia que cambia su identidad.

En la escuela se puede usar este juego para inventar historias, pero no debería llevarse demasiado lejos. No hay que olvidar nunca que lo propio de los cuentos es permitir que el lenguaje exprese de alguna manera su libertad a través de sus límites.

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