18 jul. 2010

La Ruta de la Seda

Del corazón de China a las montañas del Asia Central, pasando por el norte de Afganistán, las llanuras de Irán y el Kurdistán turco, hasta las aguas del mar Mediterráneo. Desiertos, cordilleras y estepas. Damasco, Bagdad o Samarcanda. Más de once mil kilómetros conformaron esa milenaria ruta. A lo largo de los siglos, enriqueció tanto el bolsillo de los mercaderes como el espíritu de los viajeros que recorrían sus caminos. Pero además se enriquecieron las numerosas y diferentes culturas que atraviesa…

Desde los tiempos remotos, las emperatrices de China ofrendaban capullos de seda y hojas de morera al altar de Leitzu, la esposa del primer emperador, la dama de los gusanos de seda.

Según una leyenda muy antigua, fue Leitzu quien descubrió la seda. Mientras paseaba por su jardín, se fijó en un extraño gusano que se estaba atracando de hojas de morera. Durante varios días, lo observó mientras hilaba una dorada red a su alrededor, e imaginó que era el alma de algún antepasado.

Una tarde, lo vio encerrarse en ella y creyó que había muerto, hasta que la mariposa reencarnada salió del capullo. Jugueteando, desconcertada, con su diminuta mortaja rota, se le cayó por error en el té de jazmín que bebía. Algo distraída, cogió la fibra ablandada y comenzó a devanarla, cada vez con más asombro, en un largo filamento de reluciente seda.

Con el paso del tiempo, enseñó el arte de la hilatura de la seda y la cría del misterioso gusano. Y a su muerte fue deificada y emplazada en el hogar celestial de Escorpio, la constelación de la Casa de la Seda.

2 comentarios:

Veronica dijo...

Muy bonita la historia,
y la música que acompaña, Perfecta!!!
gracias por el posteo!
Vero

Mario Aller dijo...

Gracias por tu visita y tus palabras, Verónica. Acabo de hacer una primera visita a tu blog, que no conocía, y me ha gustado mucho. Su contenido me interesa, así que desde hoy estará en un buen lugar en mis favoritos...
Saludos

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