27 dic. 2010

El camello de Bagdad

En cierta ocasión, antes de la última guerra que televisaron, un camello se perdió en la ciudad de Bagdad. Buscaba la zona de la estación, ya que sabía que en su bar podría comer un buen heno fresco. Preguntó por el camino a un policía:

-Perdone, ¿por dónde se va a la estación?
-¿Se va usted de viaje? -preguntó el policía meneando el cuello.
-No -dijo el camello-. Tengo que ir al restaurante de la estación.
-¿Y eso? -replicó el policía.
-Es que los viernes ponen heno fresco de Siria -dijo el camello.
-¡Pero hoy es sábado! -contestó el policía.

Al final, el policía le explicó el camino, indicándole que debía seguir por la derecha y después por la izquierda. Claro que se equivocó, pues no comprendía el significado de esas palabras. Además, su familia era bien conocida por su falta de orientación. A pesar de que decían que un antepasado suyo, siguiendo a una estrella, llegara una vez a una aldea llamada Belén, cerca del mar Mediterráneo. Pero esa es otra historia.

Así que, como estaba contando, aquel camello no encontró la estación, y por eso llegó a un bar diferente al que buscaba. No le importó mucho. Allí ponían heno fresco de Siria todos los sábados.

Ilustración: Rotraut Susanne Berner

(De un relato de Jürg Schubiger; Cuando el mundo era joven todavía, 1997).

3 comentarios:

Conchita dijo...

Seguramente "cuando el mundo era joven todavía" los camellos no seguían caminos trillados.
Excepto éste, que se equivocó de dirección y encima tuvo suerte.

Estoy hecha un lío, ¿cuál es la enseñanza de esta historia? :))

Mario Aller dijo...

Álex, eres un buen navegante, por eso me has encontrado. Creo que tú en el colegio no tienes demasiados problemas, así que deberías rebajar un poco la crítica, pues a ti te va bien... ¿O no? jejeje
Saludos

Mario Aller dijo...

Conchita, me gusta la obra de Jürg Schubiger precisamente por eso, porque no se preocupa por la "enseñanza". Pero sí por contar bien una historia, con imaginación, con fantasía, con sorpresa... Humildemente, he jugado también con uno de sus cuentos, sin atender tampoco a ningún mensaje en concreto. Tal vez a uno: las historias también nacen del absurdo y la ternura...
Saludos, y un buen Fin de Año para todos los blogmaníacos.

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