7 abr. 2013

El cerebro humano y la educación industrial

Es cierto que ahora hay más información circulando por el mundo como en ninguna otra época de la historia humana. Y en este momento es en Internet y en sus redesInformation hydrant (Will Lion) sociales donde se origina un verdadero océano de noticias y de datos. Por ese motivo, se ha insinuado que tratar de conseguir alguna información creíble en los nuevos medios es como intentar beber de una copa de cristal en una boca de incendios…

De hecho, esta dificultad se acrecienta en la escuela, el lugar donde se pretende favorecer la comprensión y la expresión lingüística. Y allí el niño necesita de alguna ayuda para organizar, recordar y conectar los hechos que salen del océano de Internet. Sin embargo, los estudiantes y sus profesores no son los trabajadores de un cadena de montaje, ni tampoco una nueva clase de materias primas, sino una colección de vidas muy diversas, unos seres humanos con desarrollos evolutivos complejos, y también con antecedentes culturales e historias personales propias. Por eso, es evidente que el cerebro humano nunca fue diseñado para una educación industrial.

Estamos hechos para las historias

Un día, en una entrevista, unas palabras de Jostein Gaarder llamaron mi atención. Decía: "Lo importante es que se sigan contando historias. El cerebro humano está hecho para historias más que para enciclopedias o información digital". En ese sentido, hoy se sabe, por ejemplo, que ya a los dos años el 70 por ciento de los niños emplea algún recurso de convención literaria cuando explican una historia: fórmulas de inicio y conclusión, el imperfecto como forma verbal, las relaciones causa-efecto durante las secuencias narrativas.

Además, esos estudios también establecen que la adquisición del esquema narrativo se produce en los cuatro o cinco primeros años de vida. Así, Stein y Trabasso especifican que cuando los cuentos están bien organizados y estructurados, los niños, a esas edades, son capaces de:

  • Recordar el orden exacto de los acontecimientos.
  • Inferir las intenciones y los estados internos de los personajes.
  • Diferenciar las causas de las consecuencias.
  • Detectar las inconsistencias en la información.

Por último, de las investigaciones de Nicole Speer también se deduce que nuestros cerebros están diseñados par procesar el mundo que nos rodea como si fuera una historia. Ellas, las historias, pueden servir como poderosas herramientas de organización para la integración de nuestras redes neuronales. Si están bien contadas, con los conflictos y las resoluciones, con los pensamientos y las emociones, las historias ayudan en el desarrollo del cerebro y facilitan la relación entre las personas.

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