10 dic. 2011

Nasrudín y las facturas

Cuando se  vuelve a contar una historia, la intensidad o el énfasis suele cambiar según el ánimo de la persona que la cuenta. Además, con los relatos se lleva a cabo siempre un proceso de regeneración continuo. Pues bien, en otro post ya hablé de Nasrudín Hodja, un personaje de los cuentos populares del mundo. Un amigo de Pontevedra me envió uno de esos correos que circulan por las redes, que critican algunas de las decisiones de nuestros políticos. No sé cómo, pero al leerlo empezó a transformarse…

Un día, Nasrudín se sentó al borde de un río para descansar. Poco después llegó una multitud con aires muy nerviosos. Le contaron que en algunos lugares del país se estaba entregando, o se iba a entregar, un nuevo tipo de factura, que no había que pagar de momento. Con ella, las autoridades informaban del coste de una visita al médico, o el precio de la asistencia de los servicios de urgencias, o el valor económico de una intervención quirúrgica, y, por supuesto, de todo gasto que los ciudadanos ocasionaban a la sanidad pública.

Nasrudín se asombró, ya que pagaban sus impuestos. “No entiendo”, dijo.

Alguien aseguró, para tranquilizar al gentío, que lo hacían con la "sana" intención de concienciarlos. Porque costaba mucho atenderlos, aunque fuesen ellos mismos, con sus impuestos y cotizaciones, los que pagasen los servicios públicos.

Pero Nasrudín no se tranquilizó nada, al contrario. Y dijo que si admitían esas cosas, acabarían pagando todo lo que se les ocurriese a los gobernantes: por la comida de los hospitales, por el uso de las carreteras y caminos, por disfrutar de parques y jardines, o por sentarse en los bancos de las plazas.

Seguidamente, Nasrudín propuso que elaborasen un escrito y que lo llevasen por todas las ciudades del país. En la propuesta se decía lo siguiente:

Cada vez que el rey, el presidente del gobierno, los ministros, los presidentes de comunidades autónomas, los diputados y senadores, los presidentes de las diputaciones, los alcaldes y los concejales, se suban a su coche oficial, que les de entreguen de inmediato la factura.
Cuando visiten centros de mayores, hospitales o colegios, engalanados especialmente para su visita, que les entreguen de inmediato la factura.
Cuando asistan a la multitud de fiestas, recepciones y comilonas que se organizan por cualquier cosa, que les entreguen de inmediato la factura.
Cuando se suban en trenes o aviones para viajar en clase especial, y con el mejor servicio, que les entreguen de inmediato la factura...

Todo ello, claro está, con la única intención de que "se conciencien" por lo que gastan; y de lo que les cuesta a los ciudadanos mantener a tantos cargos públicos. Y para que, si son gente honesta, pidan de inmediato la reducción de su número al ver el precio de las facturas.

El iPad de los diputados

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