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19 ago 2013

Cuentos de Asia

En el libro Retorno a la Patagonia, Bruce Chatwin se refiere a sí mismo como un viajero literario. Tal vez así, pensando en algún viaje imaginario, fueron naciendo en este blog los cuentos de Asia que se citan en los posts siguientes, ordenados de más reciente a más antiguo. En casi todos los casos, los cuentos populares que hay en ellos se han versionado libremente. Porque, como alguien dijo, cuando se cuenta una historia, el énfasis acostumbra a cambiar según la época en la que vive la persona que la cuenta…

Bruce Chatwin

27 ene 2013

O río da inmersión na lingua

Houbo na terra de Kottaiam, no estado hindú de Kerala, preto da Costa de Malabar, un río milagreiro de augas máxicas. Era un río sagrado paras as súas xentes, que formaba na metade do seu curso, máis ou menos, unha especie de pequena lagoa coas augas que baixaban dos montes.

Contan que as augas daquel río, e naquela precisa lagoa, adquiriran co paso do tempo unha propiedade especial, única. Os sedimentos que viñan de certas montañas afastadas facían que calquera que se bañase alí, home ou muller, de inmediato quedaba transformado en pedra caliza. Pero o máis extraordinario era que aquel que conseguía sobrevivir a unha inmersión nas súas augas, recibía os dons dun poeta, e comezaba a falar a mesma lingua da poesía...

8 nov 2012

Ismaíl que estás en los sueños

Hace un tiempo mi amigo Ismaíl estuvo en Barcelona, donde fue invitado. Allí conoció a Marta Mata, la gran maestra y pedagoga, y según me contaron después entablaron una agradable conversación. A pesar de que este detalle es un poco confuso, sí es cierto que, además, coincidió con César Coll, Artur Noguerol y Jaume Trilla, entre otros personajes. A él todos le parecieron demasiado grandes, aunque muy buena gente. Y siempre agradeció la amabilidad de sus palabras.

En un libro publicado en aquella ciudad, Ismaíl descubrió una historia que le gustó nada más leerla. Tenía un lejano origen turco, y tal vez por eso le trajo algunos recuerdos. Decía así…

Había un gnomo minúsculo que, cuando retumbaban los truenos en las tormentas, se tumbaba en el suelo y levantaba sus pequeñas piernas hacia el cielo.

-¿Por qué haces eso? –le preguntó una vez un zorro parlante.

-Para proteger a la tierra, que contiene muchísimos seres vivos! –contestó el gnomo-. Si, por cualquier desgracia, el cielo cayese de repente, ¿te das cuenta de lo que ocurriría? Por eso levanto mis piernas, para sostenerlo.

-¿Con tus debiluchas piernecitas quieres sostener el inmenso cielo? –preguntó, mientras sonreía, el zorro parlanchín.

-Aquí cada uno tiene su cielo y sus propios sueños –dijo el gnomo-. Vete, tonto, que tú no lo puedes entender…

2 nov 2012

Nasrudín y el asno del padre

Un día le robaron a Nasrudín el asno que había sido el compañero de su vida. Mediante los servicios de un pregonero, prometió una buena cantidad de dinero a quien le devolviese el asno. Pero nadie se presentó.

Entonces Nasrudín se decantó por las amenazas. Anunció que el ladrón sería duramente castigado, incluso azotado en la plaza pública.

Y nada. Nadie vino.

Entonces, mandó anunciar por todas partes que, si no se le devolvía su asno, haría lo que hizo su padre, sin precisar nada más.

Al día siguiente apareció el ladrón y le devolvió el asno. Le confesó a Nasrudín que aquella amenaza lo había intimidado e impresionado mucho: “Haré lo que hizo mi padre”. Y le preguntó:

-¿De verdad lo habrías hecho?
-Sin dudarlo.
-¿Y qué hizo tu padre?
-Se compró otro asno...

Cuentos del mulá Nasrudín

15 oct 2012

El sueño del dragón

Hace mucho, en las montañas que hay entre China y Corea, un hombre que dormía tuvo un sueño. Soñó con un dragón terrible, espantoso. En una actitud muy amenazante, abrió sus fauces en llamas y bramó con toda su imponente fuerza. Entonces, el hombre, casi enloquecido, le preguntó:

-Pero ¿qué va a pasar? Estoy aterrado, ¿me vas a devorar ahora?
-¿Qué quieres que te diga? -le respondió el dragón-. ¡Es tu sueño!

30 sept 2012

Cuenta alguna historia

Nadie puede prometer que los cuentos vayan a darnos más o verdades o certezas. Tal vez los viejos mitos se las proporcionaban a los griegos de Homero o a los pueblos indígenas de América, como si fuesen, por ejemplo, una especie de mapas del mundo. Pero aunque aquella época ya no es la nuestra, seguimos siendo criaturas que cuentan historias. Porque en ellas hemos encontrado un remedio para superar nuestra soledad, una buena manera para crear un sentimiento de integración comunitaria.

Por eso, si la vida nos ha confiado muchos cuentos, algunos piensan que deberíamos contárselos, de nuevo, a todos los que no pueden leer la enciclopedia de la vida. De ese modo, el tiempo y la memoria se renovarían continuamente. Y así se evitará la confirmación de lo que alguien dijo hace tiempo: aquellos que no recuerden su historia, estarán condenados a repetirla…

Había en la antigua ciudad de Bagdad un loco que no decía y no escuchaba nada. Un día le preguntaron:

-Pobre loco, ¿por qué no pronuncias nunca ni una palabra?
-¿A quién queréis que me dirija? –respondió-. No veo aquí a nadie que pueda darme una respuesta.

18 abr 2012

Sobre a vida

A Víctor Lozano Ferradás, in memoriam.

Un rei persa, a quen o pobo chamaba “o xusto”, viaxaba unha vez a través do seu reino. Nunha montaña bañada polo sol, viu un venerable ancián que coas costas dobradas traballaba. O rei achegouse e descubriu que o ancián estaba a plantar unha árbore.

-Que fas? -preguntou o rei.
-Planto nogueiras -respondeu o ancián.
-Ti, que es tan vello -admirouse o rei-, para que plantar unha planta cuxa follaxe non verás, a cuxa sombra non descansarás e cuxos froitos non comerás?

O ancián mirouno serenamente e contestou:

-Aqueles que nos precederon plantaron e nós puidemos obter as colleitas. Agora plantamos nós para que poidan recoller os que veñen detrás...

11 mar 2012

El pobre cabrón

El Punyab o Punjab es una región geográfica dividida entre dos estados, India y Pakistán. Se trata de una zona de antiguas culturas, como atestiguan los restos de las ciudades de Mohenjo Daro y Harappa. Tal vez por ello este relato es una muestra de la vieja sabiduría de los pueblos…

Un día, un mulá, un predicador musulmán, decía en la mezquita de un pueblo un sermón sobre los pecadores y los tormentos que les aguardaban en el infierno. Arrebatado por su propia elocuencia, que era famosa, y que se inflamaba minuto a minuto, reparó de pronto en un pobre granjero que esta sollozando. Desde el púlpito lo veía con el rostro bañado en lágrimas.

-Conque lloras por tus pecados, ¿eh? –dijo el predicador, muy satisfecho por el efecto que su sermón obraba en su público-. Creo que mis palabras te han hecho reflexionar, ¿no es así? Cuando me he referido a los tormentos del infierno, has recordado tus pecados, ¿verdad?

-No, no –repuso el hombre a la vez que se enjugaba las lágrimas-. No estaba pensando en mis pecados. Pensaba en mi pobre macho cabrío, que el año pasado se puso muy enfermo y murió. ¡Una pérdida horrible! Mi macho cabrío tenía una barba preciosa, muy parecida a la tuya. Nunca he visto dos barbas que se pareciesen tanto.

Entonces, los aldeanos se echaron a reír ante aquella salida tan ocurrente. Y el predicador, según cuentan, se refugió en sus oraciones.

6 mar 2012

Si no preguntas, no aprendes

Nasrudín, además de una etiqueta o categoría de este blog, es el protagonista de cientos de historias populares de Oriente Medio y Asia Central. Su capacidad de supervivencia ha sido tan fuerte, que incluso se mantuvo de pie, sólo con las palabras, en la dictadura soviética.

Uno de los hijos de Nasrudín era muy curioso. Un día le preguntó a su padre:

-¿Cómo es posible que la madera flote en el agua? Eso es lo que le ocurre a una piedra o a un cuchillo.

Nasrudín, que siempre quería responder con seguridad, le respondió:

-Hijo, realmente no lo sé.
-¿Y cómo consiguen respirar los peces en el agua? Porque afuera se ahogan sin el aire...
-No tengo la menor idea -contestó Nasrudín después de otra larga reflexión.
-¿Y el misterio de las mareas? Pero, ¿a qué se deben? ¿Cómo es posible que los mares avancen y retrocedan, como si tuviesen vida propia?
-Hijo mío, tampoco lo sé.
-Pero no te molesta que te haga tantas preguntas, ¿verdad, papá?
-¡Claro que no, hijo! ¡Si no hicieras todas esas preguntas, nunca aprenderías nada!

16 feb 2012

El gurú que quiso vivir como un cerdo

Cierto día, un gurú de la ciudad india de Madrás tuvo una visión de cómo sería su siguiente vida. Entonces, llamó a su discípula preferida y le preguntó qué estaría dispuesto a hacer por su gurú a cambio de todas las cosas que había recibido de él. Su discípula contestó que haría cualquier cosa que le pidiera.

Al escuchar esta promesa, el gurú dijo:

-Acabo de enterarme de que cuando muera renaceré en el cuerpo de un cerdo… ¿Ves aquella cerda que está comiendo basura en la calle? Pues seré la cuarta cría de su próxima camada. Te será fácil reconocerme porque llevaré una pequeña señal en la frente. Cuando la cerda haya parido, identifica a esa cría y sacrifícala de una cuchillada. Así seré liberado de tener que vivir como un cerdo. ¿Harás eso por mí?

Muy triste por aquellas palabras, la discípula aseguró sin embargo que cumpliría su promesa.

El gurú falleció poco tiempo después. Y la cerda parió cuatro cerditos. Un día, la discípula afiló un cuchillo y reconoció al cuarto cerdo, que tenía una señal en la frente. Estaba a punto de degollarlo, cuando el cerdito chilló:

-¡Detente! ¡Para! ¡No me mates!

Antes de que la discípula se hubiese recobrado del susto de oír hablar a aquel animal con voz humana, el pequeño cerdo dijo:

-No me mates, mujer, que quiero llevar la vida de un cerdo. Cuando te pedí que me mataras, no sabía cómo era la vida de los cerdos. Es maravillosa. Así que suéltame…

8 feb 2012

¿Qué hace un maestro con el miedo?

En un monasterio japonés, hace tiempo, vivía un viejo monje que inspiraba en los jóvenes una especie de respetuoso temor. Porque nada parecía ser capaz de perturbar su serenidad. Se pasaba el tiempo repitiendo que nada malo había en las emociones, fueran las que fuesen, a condición de no dejarse llevar por ellas. Por eso, él siempre permanecía tranquilo e imperturbable. No se le podía ni irritar, ni asustar, ni inquietar.

Una noche, en la oscuridad de los pasillos del monasterio, unos jóvenes monjes se reunieron en silencio en las sombras. Aquella noche el viejo monje tenía que llevar la taza de té ritual hasta el altar. Pero a su paso, todos ellos saltaron de repente con gran estruendo, como fantasmas, como seres aullantes.

El maestro siguió andando tranquilamente, sin dar un paso en falso, sin tambalearse casi nada. Un poco más lejos, en el pasillo, había una mesita de cerezo que él conocía. Con delicadeza, dejó allí la tacita de té, la cubrió con un pañuelo de seda para mantenerla a salvo del polvo.

Después se apoyó contra una de las paredes y lanzó un grito de espanto…

6 oct 2011

El valor de aprender

En dos posts que publiqué hace algún tiempo (Thanks, gracias; Cuentos, leyendas y mitos en la escuela actual) apareció el nombre de Nasrudín Hodja. Es un personaje muy conocido en la literatura oral y popular de muchos lugares de Oriente, especialmente en Turquía. Incluso, en la época soviética, su nombre fue utilizado en decenas de chistes para criticar a ese régimen en las tierras de Asia Central. En la siguiente historia, Nasrudín es el principal protagonista, aunque hay una versión hindú que no cuenta con este personaje.

En un momento de su vida, Nasrudín consiguió un trabajo de barquero en un río que había cerca de su pueblo. Con el dinero que obtenía transportando gente de una orilla a otra, alimentaba a su familia, aunque con muchas dificultades. Un día, un hombre bien vestido y con un brillante portafolios subió a su barca. Parecía una persona muy instruida, tal vez un profesor. Después de un rato, le dijo a Nasrudín:

-Buen hombre, ¿conoce usted la gramática?
-No, en absoluto -respondió el barquero.
-¿Ha estudiado usted historia?
-No, señor -dijo Nasrudín.
-¡Qué! -exclamó el profesor-. ¿Que no ha estudiado historia? Pero, pero, ¿cómo puede ser eso?

El barquero sacudió la cabeza.

-No sé nada de historia, señor. No sé leer, señor. No fui nunca a la escuela, y por eso no pude aprender historia y gramática.
-¿No pudo aprender? -dijo el profesor-. No hay excusa para aprender... Al menos, sabrá algo de geografía, ¿no?
-No, señor -dijo Nasrudín-. No sé nada de geografía.
-Dígame una cosa más, ¿ha estudiado usted alguna ciencia? -preguntó aquel hombre.
-¿Ciencia? Ninguna ciencia, señor...
-Bueno, permítame usted que le diga que ha perdido la mitad de su vida -replicó con menosprecio el profesor.

Nasrudín se entristeció mucho. Nunca antes le habían hablado de esa manera. De repente, unas nubes oscuras cruzaron el cielo, y la barca comenzó a cabecear con las olas, mientras los truenos empezaban a rugir.

-Nos va a pillar una gran tormenta -dijo el barquero-. ¿Sabe usted nadar?
-¡Oh, cielos! -lloriqueó asustado el hombre-. No sé nadar. ¡Nunca llegué a aprender!
-¡Bueno, permítame decirle que está usted a punto de perder toda la vida! -respondió Nasrudín, mientras la barca era sacudida salvajemente por una ola.

En las aguas turbias, el viejo barquero Nasrudín perdió de vista a su pasajero, y nadó como pudo hasta una orilla. Desde allí observó al profesor que, aferrado a su portafolios, se hundía y desaparecía bajo las oscuras aguas de aquel río.

4 oct 2011

La fuerza de la imaginación

En la tradición sufí existe un cuento que se utilizaba para ilustrar la fuerza de la imaginación y la opinión colectiva. Se trata de una historia que relata un truco que unos niños, en una escuela, aplicaron su maestro.

Así, esos niños deseaban tener un día de vacaciones y el más astuto de todos ellos tuvo una idea. Sugirió que cuando el maestro llegase a la escuela cada niño debía compadecerse de él por su supuesta apariencia de enfermo.

De acuerdo con este plan, cuando el maestro entró, uno dijo:

-¡Oh, maestro, qué pálido está!

Y otro dijo que parecía estar muy enfermo aquel día. Y otros, cumpliendo su propósito, comentaron más cosas de su apariencia. El maestro primero respondió que nada raro le sucedía. Pero como un niño detrás de otro continuaron asegurándole que parecía estar muy enfermo, se imaginó finalmente que había enfermado.

Entonces, regresó a su casa y quiso que los niños lo acompañaran. Allí le contó a su mujer que no se encontraba demasiado bien, y que por eso estaba tan pálido. Su mujer le aseguró que no era cierto y se ofreció a convencerlo trayendo un espejo; pero él no quiso mirarlo y se metió en la cama.

Luego les ordenó a los niños que comenzaran con sus lecciones, pero ellos le dijeron que el ruido le produciría dolor de cabeza; él les creyó y los mandó a sus casas. Y cuentan que el enojo de sus madres fue muy comentado…

Shams_ud-Din_Tabriz_1502-1504_BNF_Paris

2 oct 2011

¿A quién creer?

La confianza siempre ha sido un tema complejo. En este cuento oriental, de la tradición árabe, podemos comprobarlo. Dice así:

¿Me puedes prestar tu asno para esta tarde?, le preguntó un campesino a un mulá.

“Querido amigo –contestó el mulá-, sabes que siempre podré ayudarte, si lo necesitas. Pero sintiéndolo mucho he de decirte que mi asno ya lo he prestado”.

Emocionado por la sinceridad del mulá, el campesino agradeció sus bondadosas palabras. Entonces, mientras continuaba expresando su agradecimiento, sonó desde el establo un estruendoso rebuzno.

El campesino, desconcertado, miró sorprendido y preguntó desconfiado:

-¿Qué estoy oyendo? Tu asno está aquí, acabo de oír el rebuzno…

El mula enrojeció de rabia y gritó:

-¡Desagradecido! Te he dicho que el burro no está aquí, ¿a quién vas a creer, al mulá o al bruto rebuzno de un asno?

El asno del mulá

7 sept 2011

El horario de los maestros

Dejadme que os cuente una pequeña historia. Es muy sencilla y está basada en un relato de Abdu’l-Bahá. Hoy alguien consiguió que me acordase de ella. Porque insinuó que, en Galicia, los maestros no cumplíamos nuestro horario de trabajo.

El trabajo del maestro es igual al del jardinero que cuida de diferentes plantas. Y lo hace sin importarle las horas que dedica a cada una de ellas.

Algunas de esas plantas necesitan los brillantes rayos del sol y otras la fresca sombra. Algunas aman la orilla de los arroyos; otras, en cambio, la pelada cima de las montañas. Algunas crecen mejor en suelos arenosos, y otras prefieren la fértil humedad del fango.

Pero los jardineros, como también los maestros, saben unas cuantas cosas. Por ejemplo, que cada una de las plantas debe recibir el cuidado de acuerdo a sus especies, no solamente con un horario determinado. De lo contrario, nunca llegarán a la plenitud de su vida…

Abdul-Baha-Mirza-Mihdi

5 ene 2011

Alejandro y el rey Melchor

De Alejandro Magno, el gran conquistador de Asia y discípulo de Aristóteles, se inventaron muchas historias. Por eso, su fama se extendió desde Islandia hasta la lejana China. Según algunas narraciones, sus aventuras lo llevaron al pozo de la inmortalidad, al descubrimiento de los submarinos, al valle de los diamantes y a la invención de una máquina voladora. En sus viajes, además, llegó a ver cosas sorprendentes: el pueblo de los hombres acéfalos, que no tenían cabeza; los árboles que producían frutos del tamaño de calabazas; los gigantes con brazos y piernas como afiladas sierras; la inquietante isla llena de cangrejos; las pulgas saltarinas tan grandes como las ranas; los curiosos animales con seis patas o con cinco ojos…

Al final de tantos fantásticos viajes, Alejandro comprendió que jamás podría alcanzar el infinito, como cualquier divinidad. Así que reconoció, por fin, que en este mundo todo tenía su propio límite.

Muchos años después, habiendo muerto ya, su nombre y su memoria tuvieron un contacto indirecto con el hijo de un dios. Cuando los tres Reyes de Oriente fueron a rendir homenaje a Jesús de Nazaret, el oro de Melchor era un regalo que procedía del famoso tesoro de Alejandro Magno. Así lo aseguraba una leyenda judía…

7 nov 2010

La protección del libro

El escritor Wu, del lugar de Ch’iang Ling, en China, había insultado al mago Chang Ch’i Shen. Con la certeza de que procuraría la venganza, Wu pasó la noche levantado, leyendo el libro secreto de las transformaciones.

De pronto se oyó un golpe de viento, que rodeaba la casa, y apareció en la puerta un guerrero, que lo amenazó con su lanza. Pero Wu lo derribó con el libro. Al inclinarse para observarlo bien, vio que no era más que una figura, recortada en simple papel. Así que la guardó entre las hojas. Poco tiempo después entraron dos pequeños espíritus malignos, de cara muy negra y que blandían hachas. Cuando Wu los derribó con el libro, también resultaron ser figuras de papel. Wu las guardó como a la primera.

A media noche, una mujer, llorando y gimiendo, llamó a su puerta:

-Soy la mujer de Chang. Mis marido y mis hijos vinieron a atacarlo y usted los ha encerrado en su libro. Le suplico que los ponga en libertad.

-Ni sus hijos ni su marido están en mi libro –respondió Wu-. Sólo tengo estas figuras de papel.

-Sus almas están en esas figuras –dijo la mujer-. Si de madrugada no han vuelto, sus cuerpos, que yacen en casa, no podrán revivir.

-¡Malditos magos! –exclamó Wu-. ¿Qué puedo hacer? No pienso ponerlos en libertad. Por usted, le devolveré uno de sus hijos, pero no pida más.

Y le dio una de las figuras de cara bien negra.

Al día siguiente, mientras contemplaba unos peces en el río, supo que el mago y su hijo mayor habían muerto esa noche.

18 jul 2010

La Ruta de la Seda

Del corazón de China a las montañas del Asia Central, pasando por el norte de Afganistán, las llanuras de Irán y el Kurdistán turco, hasta las aguas del mar Mediterráneo. Desiertos, cordilleras y estepas. Damasco, Bagdad o Samarcanda. Más de once mil kilómetros conformaron esa milenaria ruta. A lo largo de los siglos, enriqueció tanto el bolsillo de los mercaderes como el espíritu de los viajeros que recorrían sus caminos. Pero además se enriquecieron las numerosas y diferentes culturas que atraviesa…

Desde los tiempos remotos, las emperatrices de China ofrendaban capullos de seda y hojas de morera al altar de Leitzu, la esposa del primer emperador, la dama de los gusanos de seda.

Según una leyenda muy antigua, fue Leitzu quien descubrió la seda. Mientras paseaba por su jardín, se fijó en un extraño gusano que se estaba atracando de hojas de morera. Durante varios días, lo observó mientras hilaba una dorada red a su alrededor, e imaginó que era el alma de algún antepasado.

Una tarde, lo vio encerrarse en ella y creyó que había muerto, hasta que la mariposa reencarnada salió del capullo. Jugueteando, desconcertada, con su diminuta mortaja rota, se le cayó por error en el té de jazmín que bebía. Algo distraída, cogió la fibra ablandada y comenzó a devanarla, cada vez con más asombro, en un largo filamento de reluciente seda.

Con el paso del tiempo, enseñó el arte de la hilatura de la seda y la cría del misterioso gusano. Y a su muerte fue deificada y emplazada en el hogar celestial de Escorpio, la constelación de la Casa de la Seda.

26 jun 2010

Momotaro, en StoryJumper

StoryJumper é unha ferramenta que está en inglés, como os demais recursos dous punto cero que vimos no post anterior. Pero igualmente podemos crear con facilidade unha historia, unha vez que nos rexistremos. Por certo, o rexistro que require este sitio é moi sinxelo. Así que en poucos minutos se pode empezar a utilizar, e entrar así no digital storytelling ou narrativa dixital.

Algunas das súas principais características:

  • En sete pasos guiados permite que calquera historia pase a un formato de tipo flash, achegando tanto as imaxes (props) coma algunhas sinxelas ferramentas de texto. Por tanto, permite a elaboración de libros dixitais.
  • Pero, ademais, permite subir outras imaxes dende o ordenador, e mesmo as retocar, co que se amplía o número de posibilidades de creación.
  • Ten unha faceta orientada ao mundo educativo e ao profesorado, xa que se pode rexistrar a aula, e por iso dispón dunha guía online (en inglés, claro) para favorecer a creatividade infantil. De todos os xeitos, presenta un inconveniente a ter en conta: non permite incrustar os nosos libros dixitais nun blog ou nunha páxina web. Pódense enviar por correo electrónico ou colocar algún enlace para que o poidan ler outros usuarios.

A pesar diso, tamén ten outra característica moi interesante: algunhas obras son públicas, de libre uso. Polo tanto, podemos modificalas segundo as nosas necesidades e gardalas coma se se tratase dun libro totalmente novo. Así fixen cun relato en lingua inglesa baseado nun conto popular do Xapón, Momotaro, que revisei e adaptei a partir desta versión. Agora podes coñecelo, se queres.

Momotaro

Cando en Educa con TIC tratamos as posibilidades da narrativa dixital, a nosa compañeira Olga Catasús enviounos unha historia elaborada con esta aplicación para a súa aula de educación infantil. Titúlase El pingüino fugado, e aproveitamos a ocasión para presentala en Contomundi.

11 dic 2009

Crea tu libro con Panraven

Panraven es un empresa que ofrece una serie de servicios online semejantes a Mixbook, de la que ya hablamos. Sirve para organizar fotos, vídeos, textos y otros contenidos en forma de libro, de historia, de cuento. Es una aplicación menos intuitiva y algo más lenta, pero con muchos recursos propios: fondos, fotos e imágenes, páginas que aceptan texto, vídeo, sonido… El texto, como en Mixbook, se puede cambiar de tamaño y de color. El libro digital que se crea puede ser leído en diversos tamaños, y también imprimirse como un libro tradicional. Hay que registrarse para acceder a sus servicios, y está en inglés, aunque su uso no presenta muchas dificultades.

Así que no hay motivos para dejar de probarla. Es una aplicación dirigida a usuarios principiantes, con una buena biblioteca de estilos y de recursos.

Como Storybird no publicó esta historia por no estar en inglés (!), la repetimos de nuevo con esta otra herramienta, Panraven. Así, nuestra lista de recursos para la narrativa digital, o digital storytelling, es cada vez mayor.

Hanuman es el héroe mono del Ramayana, uno de los libros épicos de la tradición hindú. En el post se presenta una de sus muchas hazañas, que fue recogida por el gran explorador inglés Richard Francis Burton.

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